
Ibagué ha ido encontrando, en las últimas décadas, una nueva identidad deportiva que va más allá de los estadios de fútbol y la pasión por los balones: en sus calles, pistas, piscinas, canchas y rutas ciclistas late un ecosistema diverso que articula salud pública, formación de base, turismo de eventos y tejido social. Ese latido colectivo no se ve siempre en titulares nacionales, pero se hace presente en la rutina dominical de la ciclovía, en las carreras de fondo que estrangulan el tráfico por unas horas, en las escuelas de natación que pulen desplazamientos y respiraciones, en los retos de bicicleta de ruta y gravel que trazan un mapa de paisaje y esfuerzo, y en la multiplicidad de clubes y ligas que mantienen viva la competencia amateur y formativa.
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El Instituto Municipal para el Deporte y la Recreación (IMDRI) ha asumido —en documentos públicos y planes de acción— el rol de articular y promover buena parte de estas iniciativas como estrategia de salud, inclusión y posicionamiento de ciudad (Plan de Acción IMDRI 2024).
Es por ello que es importante saber que piensan los jóvenes y los profesores a cerca de las políticas públicas sobre el deporte, sobre que creen que falta y por qué es bueno tener en cuenta cada espacio.
Los eventos de calle y los torneos especializados han tenido un efecto doble: por un lado democratizan la práctica deportiva al ofrecer distancias y categorías para públicos diversos; por otro, reponen el calendario urbano con actividades que atraen visitantes y dinamizan la economía local. Pruebas como la Maratón Dulima y la Media Maratón Musical se han convertido en hitos anuales que miden la capacidad organizativa de la ciudad y la demanda de corredores de la región y del país.
En la Maratón Dulima, la distancia reina es la de 42 km, acompañada de pruebas menores que permiten la participación masiva de aficionados, lo que transforma el espacio urbano en un escenario de esfuerzo colectivo y celebración del cuerpo (Maratón Dulima). En la Media Maratón Musical las clasificaciones y tiempos son públicos y se encuentran en plataformas de cronometraje, evidencia de la profesionalización de la logística, el cronometraje y la gestión de resultados. Esto permite a atletas y entrenadores planificar, comparar y certificar marcas; al mismo tiempo, prueba que la ciudad está integrada a circuitos regionales de running con registros verificables en portales especializados.
Las noticias sobre esta maratón fueron de alto impacto para la ciudad, esto hace que más personas quieran sumarse a esto espacios que son importantes no solo para la salud física sino también la emocional y dejan en alto el nombre de la ciudad. (noticia El Irreverente). las imágenes que verán a continuación son de la maratón que se llevó a cabo en el 2025 y fueron tomadas de su portal oficial en Instagram.














Katherine Martínez,
entrenadora de Skate
“El deporte se convierte en un proyecto de vida."
David Sabogal,
entrenador de BMX
"Los valores que enseña el deporte son: la resiliencia, la disciplina y el respeto."
Juan Carlos Plazas,
entrenador de Voleibol
“Con la adquisición de los nuevos escenarios deportivos se ha masificado la práctica del deporte.”
La infraestructura deportiva de Ibagué ha experimentado un desarrollo muy significativo en los últimos años, con inversiones importantes que buscan consolidar una red moderna de escenarios para múltiples disciplinas, no solo para el deporte recreativo, sino también para el alto rendimiento. Esta transformación es parte de la estrategia del IMDRI, otras entidades locales para apuntalar al deporte como motor social y de salud.
Un proyecto emblemático es el Coliseo Mayor, ubicado dentro de la Unidad Deportiva de la calle 42. Según el Ministerio del Deporte, la obra ha alcanzado un avance del 90 % y tiene una inversión cercana a los 43.917 millones de pesos. El escenario contará con piso de madera, iluminación de alta tecnología, graderías para aproximadamente 8.000 espectadores, camerinos, áreas verdes y otros espacios técnicos.
Este coliseo será clave para albergar competencias de talla nacional e internacional, lo que posiciona a Ibagué como una ciudad con capacidad para eventos de alto nivel.
En cuanto a administración y uso, el IMDRI ha definido una clasificación para los escenarios según su magnitud y capacidad, lo cual está recogido en su resolución de tarifas. Por ejemplo, los escenarios de “nivel 1” son aquellos de gran magnitud, aptos para deporte de alto rendimiento como la Unidad Deportiva de la 42 y el Parque Deportivo.
Sin embargo, no todo es positivo. Hay retos muy importantes relacionados con el mantenimiento. Según reportes recientes, el IMDRI enfrenta un déficit para sostener sus escenarios: el mantenimiento anual de los espacios deportivos se estima en aproximadamente 13 mil millones de pesos, pero el instituto sólo destina una fracción para ese fin.
la infraestructura deportiva en Ibagué ha avanzado muchísimo: se han construido o renovado escenarios de alto nivel (acuáticos, coliseos, polideportivos), lo que permite una oferta diversificada para distintos deportes. Pero aún hay desafíos clave: el mantenimiento, la financiación sostenible y la gestión de los espacios para que sigan siendo útiles, accesibles y bien cuidados. Si se atienden esos retos, la infraestructura podría consolidarse como una red sólida que beneficia no solo a atletas competitivos, sino también a la comunidad en general.
Más allá de las cifras, la infraestructura y la consolidación institucional, el movimiento deportivo en Ibagué tiene un impacto profundo en la vida de la juventud, un sector que encuentra en la actividad física un espacio de crecimiento, identidad y futuro. En una ciudad donde los retos sociales se entrelazan con las aspiraciones de las nuevas generaciones, los escenarios alternativos al fútbol (como la natación, el atletismo, el patinaje, el ciclismo, el boxeo, la gimnasia o el baloncesto) representan mucho más que disciplinas: son entornos que fortalecen la salud física y mental, promueven la disciplina, abren oportunidades académicas y laborales, y permiten construir redes de apoyo que trascienden el rendimiento deportivo. Para muchos jóvenes ibaguereños, entrenar significa tener un espacio seguro donde expresar emociones, liberar estrés, desarrollar autocontrol y evitar dinámicas de riesgo social.
La práctica deportiva se convierte en un modo de socializar, de sentirse parte de una comunidad, de mantener la motivación encendida y de descubrir talentos que muchas veces no encuentran cabida en otros entornos. En barrios donde la oferta cultural y recreativa es escasa, estos deportes alternativos funcionan como un puente hacia proyectos de vida más sólidos: son una herramienta de formación integral que les permite comprender la importancia del esfuerzo, la constancia y el trabajo colectivo. Por eso, cuando un joven en Ibagué entra a una pista de patinaje, una piscina, un ring o una cancha de baloncesto, no solo está aprendiendo una técnica deportiva, sino también cultivando habilidades socioemocionales que lo acompañarán toda la vida.

En Ibagué, la fuerza del movimiento deportivo no solo se mide en medallas o escenarios recién inaugurados: también se reconoce en la tenacidad de los jóvenes que, aun en medio de sus propias adversidades, encuentran en el deporte un refugio, una ruta y una posibilidad. Muchos de ellos crecen entre limitaciones económicas, entornos complejos o pocas oportunidades para explorar sus talentos. Sin embargo, son precisamente esas barreras las que terminan moldeando una determinación distinta, una que se forja en cada entrenamiento al amanecer, en cada trayecto largo para llegar a una pista, y en cada esfuerzo por mantenerse firmes cuando la vida les exige más de lo que parece justo.
Estos jóvenes, provenientes de barrios populares, de comunidades rurales o de familias que hacen sacrificios cotidianos, son la muestra viva de que el deporte no es un lujo: es una herramienta de transformación. Allí donde faltan espacios seguros, el deporte abre puertas; donde hay incertidumbre, crea disciplina; donde existe fragmentación social, fomenta colectividad. Su resiliencia no es solo un rasgo admirable, sino un recordatorio de que el talento florece cuando existen ambientes que lo impulsan. Por eso, resulta fundamental que la ciudad continúe creando escenarios accesibles, programas de formación y estrategias de acompañamiento que permitan que más jóvenes encuentren en la actividad física un propósito y un camino para proyectar su futuro.
Darles un lugar, escucharlos, y construir políticas que consideren sus necesidades reales (desde transporte hasta implementos y apoyo psicológico) es invertir en una juventud que ya demostró que, con oportunidades, puede transformar no solo su vida, sino también el tejido social de Ibagué. Porque cada joven que elige el deporte como manera de resistir, de expresarse y de crecer, es una muestra de la ciudad que queremos: una ciudad que cree en su gente, que reconoce sus talentos y que comprende que la motivación es el primer paso para que la perseverancia pueda convertirse en grandeza.

PODCAST
En este episodio, titulado “Contra la adversidad”, conoceremos la increíble historia de Tomás Soto, un joven paratleta de la ciudad de Ibagué que ha convertido cada desafío en un impulso para avanzar. Su recorrido está marcado por la resiliencia, el amor por el deporte y la determinación de demostrar que los límites se superan con valentía.
Acompáñanos a descubrir cómo Tomás, a través del paratletismo, ha encontrado un camino de crecimiento personal y deportivo, dejando un mensaje poderoso: no importa la dificultad, siempre es posible levantarse y seguir adelante.
¿Listos para poner a prueba su agilidad mental?
Los invitamos a participar en este divertido y sencillo juego de memoria, donde tendrán 2:00 minutos para encontrar todas las parejas correctamente.









